En un movimiento estratégico para mitigar las repercusiones económicas que los gravámenes impuestos por Estados Unidos estaban generando en la industria automotriz europea, la Unión Europea ha logrado una importante concesión. Los aranceles aplicados a los vehículos fabricados en el Viejo Continente, que afectaban principalmente a las marcas alemanas de lujo, se reducirán de un 27,5% a un 15%. Este cambio, aunque favorable para las exportaciones europeas, introduce una cláusula controvertida que permitiría a los coches estadounidenses sortear las rigurosas normativas de seguridad de la UE al ser vendidos en su mercado.
Desde mayo, la aplicación de un arancel del 27,5% por parte de Estados Unidos había impactado considerablemente las finanzas de los fabricantes de automóviles europeos. En respuesta a esta situación, la Comisión Europea ha accedido a disminuir los impuestos sobre ciertos productos agrícolas y pesqueros procedentes de EE. UU. A cambio, la administración estadounidense ha aceptado flexibilizar sus demandas arancelarias sobre los vehículos producidos en Europa, un sector vital para la economía de la región.
Este preacuerdo, que todavía requiere la ratificación del Consejo y el Parlamento Europeo, según reportes de Europa Press, prevé que el sector automotriz se beneficie de un arancel reducido del 15%, equiparándose a otros sectores ya incluidos en este régimen. Se estima que, de confirmarse y aplicarse el pacto con carácter retroactivo desde el 1 de agosto de 2025, los fabricantes de automóviles podrían economizar más de 500 millones de euros en concepto de aranceles solo en el mes en curso.
La Unión Europea parece haber negociado un trato más ventajoso que el alcanzado recientemente entre el Reino Unido y el gobierno estadounidense. El acuerdo británico estipula que los primeros 100.000 automóviles importados anualmente estarán sujetos a un arancel del 10%, mientras que cualquier excedente superará el 25%.
A pesar de que gran parte de la atención se ha centrado en la reducción de aranceles para los automóviles europeos, un detalle crucial de este pacto ha sido menos divulgado: la potencial exención de los vehículos estadounidenses de las normativas de seguridad europeas. Actualmente, el mercado automotriz europeo está experimentando una afluencia de vehículos de marcas chinas, y la posible llegada de marcas americanas bajo estas nuevas condiciones podría intensificar la competencia.
Según fuentes cercanas a El Independiente, el acuerdo podría significar que los productos automotrices de EE. UU. serán aceptados en Europa cumpliendo únicamente con los estándares de seguridad de su país de origen. Esto implicaría que tecnologías obligatorias en la UE, como el frenado de emergencia automático, la asistencia de mantenimiento de carril, la protección de peatones, los avisos de somnolencia, los recordatorios de asientos traseros o la preinstalación de alcoholímetros, no serían obligatorias para los vehículos procedentes de Estados Unidos.
El Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (ETSC) ha manifestado su profunda preocupación, calificando esta medida como una “traición al liderazgo europeo en materia de seguridad” que podría tener consecuencias fatales. Advierten sobre la posibilidad de que Europa se vea saturada por camionetas y SUV de gran tamaño procedentes de EE. UU., vehículos que, al estar menos regulados, resultan más peligrosos para otros conductores, peatones y ciclistas, lo que contraviene la visión europea de una movilidad más segura y sostenible.
Es importante destacar que la implementación de esta medida aún tardará un tiempo. Hasta entonces, las marcas automotrices americanas que deseen comercializar sus productos en Europa deberán adherirse a las regulaciones vigentes. La experiencia previa con Japón, que se vio obligado a aceptar vehículos estadounidenses sin restricciones, no augura un escenario optimista, lo que sugiere que el acuerdo final podría generar un debate significativo sobre el equilibrio entre los intereses comerciales y la seguridad de los ciudadanos.